Desde 2022, un descubrimiento del telescopio espacial James Webb ha causado sensación: pequeños puntos rojos que poblaron el espacio en los albores del universo, apenas unos cientos de millones de años después del Big Bang. Sus propiedades son sorprendentes: son fuentes de radiación compactas, tan brillantes como las estrellas, pero que alcanzan dimensiones de hasta 500 años luz. Los expertos aún no han podido explicar qué son los pequeños puntos rojos ni de qué están hechos. Pero ahora un equipo de investigación dirigido por el físico Riko Kuze de la Universidad de Tohoku en Japón sugiere en un artículo publicado por «Physical Review D» que un enfoque explicativo podría resolver dos enigmas cosmológicos a la vez.
Porque no son sólo los puntos rojos los que plantean preguntas, sino también partículas fantasmales llamadas neutrinos que nos llegan desde las profundidades del espacio. Hasta el momento, los cosmólogos no saben cómo se crean estas partículas elementales extremadamente ligeras y eléctricamente neutras, que apenas interactúan con la materia. Según los modelos, los neutrinos se crean mediante procesos acompañados de radiación gamma de alta energía. Pero la cantidad de radiación gamma detectada en la Tierra no se corresponde con la cantidad de neutrinos cósmicos: hay un claro exceso de estas partículas espectrales. Ahora parece que los puntos rojos pueden explicar este exceso.
En los últimos años, los expertos han debatido qué podría haber detrás de los pequeños puntos rojos en el universo joven. Muchos ahora están convencidos de que los agujeros negros se están formando incrustados en una densa capa de gas ionizado. Esto los convertiría en los precursores de los agujeros negros extremadamente masivos, con millones o miles de millones de masas solares, que hoy forman los centros de muchas galaxias. Kuze y su equipo se dieron cuenta de que estos agujeros negros en crecimiento podrían ser la fuente faltante de neutrinos.






