(Imagen simbólica) Captar la luz solar en el espacio e irradiarla de regreso a la Tierra como energía ha sido materia de ciencia ficción durante décadas. La misión japonesa OHISAMA pretende dar exactamente este paso y transmitir aproximadamente un kilovatio desde la órbita a la Tierra a través de microondas. El proyecto se considera un preludio de posibles plantas de energía solar en el espacio.
(Foto: © Investigación y conocimiento)
Una planta de energía solar en el espacio que transmite electricidad a la Tierra las 24 horas del día parece pura ciencia ficción. Japón ahora quiere hacer realidad este concepto con la misión OHISAMA. Un satélite del tamaño de una lavadora captará la luz solar a una altitud de unos 400 kilómetros, la convertirá en microondas y transmitirá alrededor de un kilovatio a una estación terrestre. Se trata de una cifra modesta, pero debería demostrar por primera vez que la energía solar desde órbita funciona sustancialmente.
La idea de la energía solar espacial es antigua y convincente. En el espacio, el sol brilla continuamente, no hay nubes, noche ni fugas atmosféricas, por lo que las células solares en órbita podrían recolectar energía las 24 horas del día. El concepto consiste en convertir esta energía en microondas y enviarla como un haz enfocado a una estación receptora en la Tierra, donde una llamada recena la convierte nuevamente en electricidad utilizable. La cuestión técnica clave es la precisión, porque el haz de microondas debe permanecer dirigido exactamente a un punto fijo mientras el satélite gira alrededor de la Tierra a varios kilómetros por segundo. La precisión requerida es del orden de milésimas de grado. La implementación ha fracasado durante décadas debido a los enormes costos y la falta de tecnología, pero materiales más livianos, mejores sistemas de microondas y costos iniciales muy reducidos han puesto el concepto al alcance de la mano.
Japón ha estado explorando la energía solar desde el espacio a través de su agencia espacial JAXA desde la década de 1980 y la incluyó en su estrategia espacial nacional en 2009. El país está abordando el tema con especial vigor porque importa gran parte de su energía y está buscando alternativas confiables y respetuosas con el clima después del desastre nuclear de Fukushima. La geografía montañosa y densamente poblada dificulta la expansión a gran escala de la energía solar en la Tierra. La misión OHISAMA, que lleva el nombre de la palabra japonesa «sol», lleva un generador solar de unos dos metros cuadrados y pretende demostrar por primera vez en órbita toda la cadena de generación, conversión y transmisión de energía. El haz es recibido por una estación terrestre compuesta por varias antenas en la región de Suwa, en el centro de Japón.
Cómo debería funcionar la central solar en órbita
El trabajo preparatorio para OHISAMA ya está en marcha. En diciembre de 2024, investigadores japoneses lograron la primera transmisión inalámbrica de energía del mundo desde un avión a una altitud de siete kilómetros hasta una estación terrestre. JAXA y el grupo industrial Mitsubishi ya habían demostrado en pruebas en tierra que se puede transmitir una potencia de 1,8 kilovatios con alta precisión a través de microondas a una distancia de 55 metros, como informó la revista especializada IEEE Spectrum sobre las demostraciones de JAXA. La prueba real desde órbita es el siguiente paso lógico y tiene como objetivo demostrar que la tecnología funciona de forma fiable incluso en las condiciones extremas del espacio. Las frecuencias de microondas utilizadas son similares a las de las redes WLAN y las comunicaciones móviles y, según estudios anteriores, la intensidad del haz terrestre debería seguir siendo comparable a la de la luz solar normal.
¿Qué significa el proyecto para el suministro de energía?
Un kilovatio apenas alcanza para una máquina de café, pero la importancia de OHISAMA no reside en la cantidad, sino en la prueba de principio. Si la prueba tiene éxito, Japón quiere ampliar el concepto a una planta solar orbital gigante con un gigavatio de potencia en unos 25 años que podría abastecer a cientos de miles de hogares. Sin embargo, un sistema de este tipo tendría que tener varios kilómetros de largo y pesar más de 10.000 toneladas, lo que implicaría enormes obstáculos técnicos y financieros. Según análisis anteriores, la energía solar espacial también sigue siendo significativamente más cara que la energía solar y eólica terrestres, cuyos costes han caído drásticamente últimamente. Japón no está solo en la carrera por esta tecnología, ya que Estados Unidos y China también están trabajando en conceptos comparables. La perspectiva de una fuente de energía espacial fiable e independiente de las condiciones meteorológicas convierte este campo en uno de los proyectos futuros más fascinantes en la investigación energética, que se relaciona con el objetivo de que la energía solar se convierta en la fuente de electricidad más importante para 2050.
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