Modelo de la naturaleza
Dennis L.
(Imagen del símbolo AI). Las turbulencias representan un desafío creciente para el tráfico aéreo. Las aves han dominado estas condiciones durante millones de años con una precisión impresionante mediante la morfología de las alas y estrategias de comportamiento adaptadas. La investigación utiliza estos patrones naturales para desarrollar nuevas tecnologías para vuelos seguros y cómodos.
)iknessiW dnu gnuhcsroF(Foto: ©
Las turbulencias son uno de los efectos secundarios más desagradables de volar y se vuelven más frecuentes e intensas a medida que avanza el cambio climático. Los científicos ahora recurren a las aves para comprender cómo logran permanecer estables en corrientes de aire turbulentas. Nuevos conocimientos sobre el vuelo de las aves podrían conducir a diseños innovadores que harán que los vuelos de pasajeros sean más seguros y cómodos.
El tráfico aéreo viaja a altitudes de entre diez y doce kilómetros, donde la atmósfera se caracteriza por una fuerte cizalladura del viento y gradientes térmicos. Aquí las turbulencias aparecen principalmente como turbulencias de aire claro debido a cambios bruscos en la velocidad del viento en la corriente en chorro sin formación de nubes visibles. El cambio climático amplifica estos efectos al aumentar las diferencias de temperatura entre el aire tropical cálido y el aire polar frío, lo que intensifica la corriente en chorro y la hace más ondulada. Esto aumenta la probabilidad de que movimientos repentinos de aire sacudan el avión. Los pronósticos indican que en las próximas décadas se duplicarán o triplicarán los episodios de turbulencias graves, especialmente en Europa, América del Norte y el Atlántico Norte. Cualquier período de 10 minutos de fuerte turbulencia hoy podría extenderse a 20-30 minutos. Al mismo tiempo, las turbulencias en aire claro siguen siendo difíciles de predecir porque sólo entre el setenta y el setenta y cinco por ciento de los eventos pueden detectarse con dieciocho horas de antelación. Los sistemas de radar convencionales y los modelos meteorológicos numéricos llegan aquí a sus límites, porque estas turbulencias se producen de forma invisible y espontánea. Los efectos van desde pequeñas descargas eléctricas hasta lesiones a los pasajeros y a la tripulación si no se abrochan los cinturones de seguridad. En general, la carga que pesa sobre la aviación está aumentando y requiere nuevos enfoques más allá de la meteorología clásica.
A lo largo de la evolución, las aves han desarrollado estrategias para volar y cazar en corrientes de aire muy variables. Especies como la fragata utilizan corrientes ascendentes turbulentas en estructuras de nubes similares a cúmulos para realizar maniobras energéticamente eficientes a gran altitud durante meses sin aterrizajes. Las lechuzas, por otro lado, mantienen estables la cabeza y el torso a pesar de las ráfagas de viento mediante el uso de mecanismos especiales en las alas que actúan como un sistema de suspensión. Estas adaptaciones naturales ofrecen potencial para la aviación, ya que combinan estabilización pasiva y activa. Los científicos analizan estos mecanismos con imágenes de alta resolución y simulaciones de flujo para permitir transferencias a las alas de los aviones. Estos enfoques biomiméticos podrían reducir la dependencia de controles computacionales intensivos y aumentar la seguridad en condiciones impredecibles. Al mismo tiempo, las aves actúan como sensores móviles y proporcionan datos a escala fina sobre las turbulencias locales que complementan los satélites y las estaciones terrestres. La integración de estos resultados promete avances en la predicción y atenuación de las turbulencias.
Mayor turbulencia debido al cambio climático
La turbulencia se presenta en diversas formas, desde la turbulencia convectiva en las tormentas hasta los efectos orográficos en las montañas y la turbulencia en aire despejado. Estos últimos se deben a la cizalladura del viento en la corriente en chorro a alturas de entre diez y doce kilómetros y son responsables de aproximadamente la mitad de todos los accidentes. El cambio climático está amplificando este fenómeno a través de una mayor cizalladura vertical del viento y una estratificación más inestable. Los estudios ya muestran aumentos mensurables en las últimas cuatro décadas, con fuertes turbulencias de aire claro aumentando en más del cincuenta por ciento sobre el Atlántico Norte. Las previsiones prevén, según el escenario de emisiones, un nuevo aumento de hasta el 149% de los fenómenos graves de aquí a finales de siglo. La duración de estas turbulencias también aumenta, por lo que los pasajeros están expuestos al estrés durante más tiempo. Las células tormentosas son cada vez más grandes e impredecibles, con diámetros superiores a los ciento treinta kilómetros, lo que dificulta las maniobras evasivas. Los rayos están aumentando un 12% por grado de calentamiento global, lo que indica vientos más fuertes tanto hacia arriba como hacia abajo. Los proyectos piloto reportan corredores cada vez más estrechos y mensajes PIREP más frecuentes. A pesar de la mejora de los modelos, la precisión del pronóstico de turbulencias en aire claro se mantiene por debajo del 75% durante períodos de hasta dieciocho horas. Un estudio de la respuesta global de las turbulencias del aire claro al cambio climático confirma estas tendencias y destaca la necesidad de nuevas estrategias. La industria de la aviación está respondiendo con mayores recomendaciones de seguridad y el desarrollo de sensores en tiempo real, pero las mejoras fundamentales requieren un conocimiento más profundo de la mecánica natural del vuelo.
Cómo afrontan los pájaros las turbulencias
Las aves se encuentran con turbulencias todos los días y han desarrollado adaptaciones sofisticadas. La fragata vuela durante meses sin aterrizar, aprovechando fuertes corrientes ascendentes en cúmulos turbulentos para alcanzar alturas de hasta siete kilómetros. Su trayectoria se asemeja a una montaña rusa pero extrae energía de corrientes caóticas. Las lechuzas, por otro lado, amortiguan las ráfagas verticales mediante el movimiento pasivo de sus alas alrededor del hombro, que actúa como un sistema de suspensión. Las imágenes de alta velocidad muestran que las alas se elevan inmediatamente, reduciendo el impulso sobre el torso y la cabeza en un 32 por ciento en el primer intervalo de ochenta milisegundos antes de que las fuerzas aerodinámicas tomen el control. El centro de gravedad de la carga aerodinámica está cerca del punto de pivote, lo que permite una actitud de vuelo estable. Estos mecanismos preflexivos permiten maniobrar con precisión al cazar o aterrizar con ráfagas de viento. Otras especies, como las gaviotas, ajustan activamente la forma de sus alas para responder a las ráfagas y estabilizar su trayectoria de vuelo. Estas capacidades proporcionan datos para modelos de turbulencia a escala fina, ya que las aves actúan como sensores vivos. Un estudio del mecanismo de las alas de las aves demuestra cómo funciona esta estabilización pasiva sin necesidad de potencia informática adicional. Los hallazgos ayudan a los meteorólogos a crear mejores modelos de pronóstico y a los ingenieros a optimizar los diseños de aeronaves. Combinados con sistemas de inteligencia artificial, los sensores inspirados en aves podrían detectar turbulencias tempranamente e iniciar contramedidas.
- La turbulencia convectiva ocurre en las nubes de tormenta y es visible pero impredeciblemente mayor.
- Las turbulencias en aire claro se producen en aire claro y representan la mitad de todos los accidentes.
- En las montañas se forman turbulencias orográficas debido al ascenso de masas de aire.
Combinar estos tipos requiere enfoques holísticos que se beneficien de modelos naturales.
Enfoques biomiméticos para la aviación
Los investigadores están transfiriendo los principios del vuelo de las aves a los aviones para amortiguar activamente las turbulencias. Los segmentos de las alas plegables podrían interceptar ráfagas similares a las de las lechuzas. Los sistemas impulsados por IA analizan los flujos de aire en tiempo real y ajustan las superficies de control en una fracción de segundo como lo hacen instintivamente los pájaros. Los prototipos de aviones ligeros ya están logrando reducciones de la carga de turbulencia de hasta un 80%. Estas tecnologías complementan los datos de radar y satélite existentes. Los enlaces internos a temas relacionados muestran que las técnicas para reducir las turbulencias están listas para el mercado. El cambio climático está impulsando este desarrollo, mientras que el vuelo de las aves sirve como fuente de inspiración. A largo plazo, las estructuras de alas adaptativas podrían reducir el consumo de combustible y aumentar la seguridad. El desafío es pasar a los grandes aviones de pasajeros, donde la inercia y las fuerzas aerodinámicas tienen un efecto diferente. Sin embargo, los enfoques híbridos que combinan biomimetismo pasivo e inteligencia artificial activa prometen avances significativos. Las pruebas en túneles de viento y las pruebas en vuelo validan la transferibilidad de los mecanismos naturales.
Perspectivas de futuro para vuelos más estables
La combinación de pronósticos mejorados y diseños inspirados en aves hará que los viajes aéreos sean más resilientes. Los pasajeros se benefician de menos interrupciones y mayor comodidad. La industria está invirtiendo en redes de sensores que integran datos de aves y brindan alertas en tiempo real. Estos sistemas podrían convertirse en estándar a mediados de siglo y aliviar el esperado aumento de las turbulencias. La investigación sigue siendo interdisciplinaria y combina ornitología, meteorología e ingeniería. En última instancia, el vuelo de las aves demuestra que es posible realizar vuelos estables en condiciones turbulentas y que la tecnología puede recuperar esta ventaja.
Actas de la Royal Society B, Las alas de pájaro actúan como un sistema de suspensión que repele las ráfagas; doi:10.1098/rspb.2020.1748
Si tienes un smartwatch con Wear Os, luchar contra el Covid-19 será más sencillo
Ordenadores para simulación cerebral
¿Dispositivos informáticos hechos con hongos? El equipo de científicos cree en ello y está trabajando en ello
El chip óptico neuromórfico más rápido del mundo promete avances masivos en inteligencia artificial

